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Maneras de vivir

Ya ha llegado el momento en el que por fin ha sido resuelto el “Gran Dilema del año”. Incluso en muchos casos, no sólo resuelto, sino que también, hasta disfrutado: El destino de nuestras vacaciones.

Digo “Dilema” porque algo que de primeras parece fácil, la verdad es que al final, no lo es tanto, verdad?

Cuando éramos pequeños la cosa era más sencilla. El que tenía pueblo, se iba al pueblo y el que no, pues a jorobarse y aguantarse. Lo que hubiera dado yo por tener un pueblo!!

Aunque al final lo de jorobarse y aguantarse acababa siendo divertido: acampadas cerca de algún río donde bañarse, tardes estupendas de piscina a pesar de las digestiones eternas, excursiones a la playa con sombrilla y nevera XXL….A veces  incluso con disgusto incluido!! Todavía me acuerdo cuando me perdí en Zarautz….Fíjate, tan pequeña y ya me di cuenta que lo mejor para saborear un sitio es perderse por sus calles jjjjjj. Ahora me río pero aquel día……..

Pero, llegó Benidorm y todo cambió. Así es, la culpa de todo la tiene él, poniendo de moda el irse de vacaciones a un sitio turístico todos los años, caiga quien caiga.

Le siguieron las Torres: Torre del Mar, Torremolinos, Torrevieja…..y así poco a poco fuimos invadiendo la Península. Después les tocó a las islas  hasta que empezamos a atrevernos con el extranjero..….cuántos más kilómetros mejor. Ale, a ver quién llega más lejos!!

Posibilidades de alojamiento miles: hoteles, apartamentos, campings…….y en cuanto al transporte, tenemos para dar y tomar: desde el avión, pasando por el tren, hasta para los que se atreven con el peregrinaje ir, como diría Manolo García,  un ratito a pie y otro caminando.

Ostras!! Qué dilema! La verdad es que con tanto abanico de posibilidades lleva su tiempo pensarlo y decidirlo.

No sé si os habrá pasado, pero a mí, en más de ocasión ya me ha dado quebraderos de cabeza. Y es que a veces parece más una obligación o un trámite más que cumplir, que un verdadero deseo……..

A ver quién es el que se atreve a volver en septiembre al curro diciendo que en vacaciones se ha quedado en casita comprobando que el sofá además de para decorar, sirve para sentarse, o mejor aún, para tumbarse.  O que sin más, a última hora decidió irse a pasar unos días a ver al tío de Albacete.

Pues claro que pasa,  y no creo que sea la única persona a la que le ha ocurrido. Y es que después de lo que cuesta tomar la decisión, y más aún, de lo que le cuesta a tu bolsillo, muchas veces te encuentras con que el lugar no era para tanto. Incluso a veces al poquito de llegar, no sé qué pasa pero empiezas a añorar tu casa.

Acabas disfrutando, claro que sí, porque para eso son las vacaciones pero no porque valgan  todo lo que cuestan.

No son necesarios los lujos, al menos para mí no, pero sí los detalles que hacen que los lugares resulten acogedores. No hace falta pegarse grandes comilonas pero qué menos, que comer rico, rico como dice Arguiñano.

Lo que está claro es que a todos no nos valen las mismas cosas.

Cada uno tenemos nuestra manera de vivir, y en consecuencia también nuestra manera de disfrutar de las vacaciones. Hay gente que necesita un hotel con cuántas más estrellas mejor, mientras que otros preferimos que las estrellas sigan luciendo en el cielo y que la distancia entre ellas y nosotros sea lo más fina y cercana posible.

También las necesidades pueden ir cambiando, dependiendo del momento o la etapa en la que te encuentres. Puede ser que un año nos haga feliz ir a un hotel  y otro año no se nos ocurra mejor plan que volver al pueblo a reencontrarnos con los nuestros o quedarnos en nuestra ciudad haciendo excursiones cuando nos dé la gana.

Tampoco  son lo mismo las vacaciones cuando somos solteros, que de familia con pekes  o con la gran locura cuando los hijos crecen y además de cuadrar calendarios laborales también hay que “salvar” las fiestas de su ciudad que no se las perderían por nada del mundo. UFFF misión imposible!!

Por eso yo creo que lo primero que tenemos que hacer al planear las vacaciones es olvidarnos de lo que se supone que “debemos hacer” y buscar nuestra propia manera.

Siendo la primera pregunta, no la de dónde ir de vacaciones, sino qué es lo que me apetece, qué es lo que necesito en este momento, cómo me gustaría que fueran estas vacaciones.

Está claro que todo no puedes controlar pero al menos sí tener unas cosas claras; para mí hay dos reglas fundamentales: tienen que aportarme mejora respecto de lo que ya tengo en el día a día  sobre todo en libertad y en ningún caso pueden suponer una inversión que haga que me tambalee los 11 meses restantes del año. No sería justo que 15 o 30 días tuvieran más valor que el resto!!

Y será en ese momento, en el que descubramos nuestra manera de vivir las vacaciones cuando los quebraderos de cabeza se esfumen y podamos disfrutar a tope de esos días. Al fin y al cabo dicen que los quebraderos de cabeza no son más que una señal de que hay una contradicción entre lo que realmente piensas o necesitas y lo que acabas haciendo.

Alé a disfrutar de vuestra manera de vivir!

Vacaciones no es el lugar, es tu manera. 

 

Laura…el desempate

 

    

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